Maus

Maus 

Dentro del mundo del comic, Maus es una historia inusual. Concebida desde el movimiento Underground, publicada por secciones en la revista independiente RAW (1980-1991), fue editada en dos volúmenes por Pantheon Books (1986 el primero y 1991 el segundo), y reeditada en un solo tomo desde 1996 como The Complete Maus.

Pero no son estos detalles o el hecho de haber recibido un premio Pulitzer especial en 1992 lo que llama la atención sobre esta obra, como tampoco lo es que uno de sus temas sea el Holocausto.

Maus, de Art Spiegelman (Estocolmo 1948), narra la relación entre el autor y su padre Vladek Spiegelman. Como todas las historias personales, la de ellos es de encuentros y desencuentros. Precisamente en el afán de desentrañar el porqué de la difícil personalidad de su padre, Artie, realizador de cómics, le pide permiso para plasmar su vida en viñetas.

La línea narrativa salta entre el relato de Vladek y el relato de Artie. El primero trata de la vida para un judío antes y durante la Segunda Guerra Mundial; el segundo, del tortuoso vínculo entre un hijo y su progenitor. A lo largo de la obra ambas historias se entrelazan para hablarnos de cosas sumamente humanas: muerte, crecimiento, amor, odio, esperanza.

El contexto de la primera narrativa es Polonia en los años 30 (siglo XX), el ghetto de Varsovia, Auschwitz. El fondo de la segunda es Nueva York en los años 70 y 80. No obstante, a pesar de sus distancias, los textos dejan patente una sensación de fatalidad que, en el relato de Vladek se refiere al exterminio al que fue sujeto el pueblo judío, y en la historia de Artie se vincula con el suicidio de su madre y los sentimientos de culpa y rechazo que surgen en él y hacia su padre.

A pesar de la presencia de la tragedia, o tal vez debido a ella, Artie se acerca a Vladek y construye un lazo que le permite conocer y entender aspectos de la vida de su padre que él desconocía. Además intenta exponer sus sentimientos frente a los demás, en un ejercicio confesional a través del cómic.

Al indagar cómo Vladek sobrevivió a Auschwitz, Artie revela las claves para descifrar la conducta de su padre. Rememorando que en ocasiones había que engañar al estómago masticando madera en el campo de concentración porque no existían alimentos, el lector se explica porqué Vladek obligaba a Artie a comer todo el contenido del plato (y si no lo hacía le guardaba las sobras). Aunque el entendimiento no siempre signifique perdón.

La atmósfera ominosa de Maus no culmina en la desesperanza, sino que deja una sensación de cierre (closure). Es un encuentro entre amor y odio, entre culpa y comprensión, entre pasado y presente.

La importancia de Maus no es perceptible si la reducimos a “una historia de esa conflagración [la Segunda Guerra Mundial] aunque sea contado por monitos en forma de ratones que son perseguidos por gatos nazis… formulado de manera muy maniquea… para que podamos identificar mas fácilmente a los malos (pista: son los predadores) y seamos testigos de cómo van destruyendo poco a poco a los animalitos buenos” (Bastidas Calderón, Carlos. Un espejo distante. Noroeste, sección cultural, 30 de septiembre de 2005).

Es cierto que el autor representa gráficamente a sus personajes como animales. También lo es que los judíos son dibujados como ratones y los alemanes como gatos. Sin embargo, lejos de significar una acción maniquea, esta decisión estética de Spiegelman tiene que ver con la historia iconográfica del cómic.

Spiegelman usa el lenguaje icónico de Ub Ikers, Walt Disney, Floyd Gottfredson y Carl Barks con un sentido subversivo. Al emplear los ratones, confinados por el mercantilismo corporativo al mundo infantil, en una historia “seria”, se logra un efecto dramático sobre la estructura narrativa y sobre la narrativa ideológica. Se cuestiona la infantilización de los “inocentes” animalitos, como lo habían hecho ya Ariel Dorfman y Armand Mattelart en Para leer al Pato Donald.

Lo que es más, Spiegelman cuestiona incluso su propio uso del lenguaje icónico cuando, en el segundo volumen de su obra, se representa a sí mismo como un ser humano que se pone una careta de ratón. Con ello se deja al descubierto la técnica narrativa y se implica que él o los otros personajes pudieran actuar con otras caretas.

Maus, como obra de narrativa secuencial que yuxtapone imágenes y textos, es anterior a La lista de Schindler (1993). No trata de sustituir los libros de historia ni de corregirlos. Es un libro eminentemente subjetivo por que cuenta las cosas desde la óptica de Vladek.

A pesar de ello, logra transmitir eficazmente los horrores del holocausto. Lo hace elegantemente, sin aspavientos ni desagarro de vestiduras, con el peso del drama real, pero sin adicionarle figuras míticas. Y es que en Maus no hay héroes, sólo supervivientes.

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